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Aviva el Don: Cuando el Fuego Sigue Ahí, Pero la Llama se Apagó...

  • Samuel Valverde
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

"Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti…"— 2 Timoteo 1:6

No perdiste el don… perdiste el fuego

Pablo no le escribe a Timoteo para decirle que recibió algo nuevo. Le escribe para recordarle algo que ya estaba en él.

El problema no era la ausencia del don. El problema era la negligencia del fuego.

El don de Dios puede apagarse no por pecado escandaloso, sino por cansancio, rutina, miedo o distracción. El fuego no se extingue de golpe. Se apaga lentamente, cuando dejamos de cuidarlo.

Avivar no es emocionar, es volver a encender

La palabra avivar implica:

  • volver a encender

  • mantener la llama viva

  • despertar lo que se está apagando

El don es comparado con fuego porque, como el fuego, necesita atención constante. No se cuida solo. No se mantiene por inercia. Y no sobrevive a la indiferencia.

Dios puso algo en ti que no fue diseñado para apagarse, pero sí puede ser descuidado.

Pablo recuerda a Timoteo quién es… antes de decirle qué haga

Antes de exhortarlo, Pablo hace memoria:

  • de su fe no fingida

  • de su herencia espiritual

  • de las lágrimas que ha derramado

Esto no es corrección dura. Es paternidad espiritual.

Porque nadie puede avivar lo que ha olvidado quién es.

Dios no te dio un espíritu de cobardía

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Tim. 1:7)

El fuego se apaga cuando entra el miedo.

  • miedo a fallar

  • miedo a exponerse

  • miedo a no ser suficiente

  • miedo al rechazo

Pero Pablo es claro: ese espíritu no viene de Dios.

Dios dio:

  • poder para avanzar

  • amor para servir

  • dominio propio para perseverar

Si el fuego se apagó, no fue porque Dios se retiró…fue porque el miedo tomó espacio.

El águila no destruye el nido… lo sacude

Dios usa una imagen poderosa:

“Como el águila que agita su nidada…” (Deut. 32:11)

El águila no odia a sus polluelos. Los ama tanto que no los deja quedarse cómodos.

Sacude el nido para que vuelen.

A veces Dios permite incomodidad, ruptura, movimiento, porque el don no fue hecho para el nido, fue hecho para el vuelo.

El don se aviva en la cadena, no en soledad

Pablo conecta el fuego con una responsabilidad:

“Lo que has oído de mí… encárgalo a hombres fieles…” (2 Tim. 2:2)

El don no se aviva aislándote. Se aviva cuando lo entregas, lo compartes, lo ejerces.

El fuego se mantiene encendido cuando:

  • enseñas

  • discipulas

  • sirves

  • perseveras aunque duela

Por eso Pablo dice: “Sufre penalidades como buen soldado.”

El fuego verdadero siempre incomoda a la carne.

Avivar el don es cumplir el encargo, no buscar aplausos

En el cierre, Pablo no habla de plataformas. Habla de fidelidad.

“Predica la palabra… cumple tu ministerio.” (2 Tim. 4:5)

Vendrán tiempos difíciles. Habrá gente que no quiera la verdad. Pero el llamado sigue intacto.

El fuego no se aviva con aceptación, se aviva con obediencia.

Conclusión: El fuego aún está ahí

Si sientes que algo se apagó…si sabes que Dios te dio más de lo que hoy estás viviendo…si recuerdas una llama que ya no arde igual…

Este mensaje es para ti.

No perdiste el don. No perdiste el llamado. No perdiste la gracia.

Solo necesitas volver a avivar el fuego.


📚 Para profundizar este proceso de restauración interior y llamado, te recomendamos:

💔 Cada Corazón Sanado

Porque no se puede avivar el don si el corazón sigue herido.

💍 Asuntos del Matrimonio

Porque el fuego del llamado también debe arder en casa.

🌎 Consíguelos aquí:


 
 
 

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